Mileva Marić nació en 1875 en Titel, una pequeña ciudad de la actual Serbia, en una época en la que el acceso de las mujeres a la educación superior era casi impensable. Pero ella no solo accedió, sino que destacó. Estudió física y matemáticas en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH), siendo la única mujer de su grupo y una de las primeras en hacerlo en esa institución. Allí fue donde conoció a un joven estudiante que se convertiría en una de las figuras más conocidas de la ciencia: Albert Einstein.

Mileva y Albert iniciaron una relación personal e intelectual intensa. Compartieron estudios, ideas y sueños. Se casaron en 1903 y tuvieron hijos. Durante los primeros años del siglo XX, la pareja trabajó codo con codo, literalmente: pasaban horas discutiendo teorías y problemas científicos.

¿Una contribución silenciosa?

Hay indicios que sugieren que Mileva podría haber tenido un papel más relevante del que se le ha reconocido en los trabajos iniciales de Einstein. En algunas cartas que él le escribió, habla de “nuestra teoría”, y en determinados momentos se dijo que los primeros manuscritos estaban firmados como “Einstein-Marity” (Marity es la forma húngara del apellido de soltera de Marić). Además, Mileva había estudiado una asignatura clave: mecánica analítica, considerada fundamental para el desarrollo posterior de la teoría de la relatividad especial. Conocía profundamente las matemáticas y los conceptos que más tarde dieron lugar a una revolución científica.
Otro hecho relevante es que, en el proceso de divorcio, Albert Einstein acordó darle a Mileva toda la dotación económica del Premio Nobel que recibiera en el futuro, cosa que cumplió cuando lo ganó en 1922. Ese acuerdo ha sido interpretado por algunos como un reconocimiento implícito de su papel en los años clave de su trabajo.

¿Una figura ignorada por la historia?

A pesar de estos hechos, muchos historiadores de la ciencia consideran que no hay pruebas suficientes para afirmar que Mileva fuese coautora o pieza fundamental de las teorías publicadas en 1905 por Einstein. Argumentan que no se conservan manuscritos conjuntos, ni indicios directos de colaboración formal. Pero el debate sigue abierto, y cada vez más personas se preguntan: ¿cómo es que una mujer con tanto conocimiento, tan próxima al trabajo de Einstein y tan involucrada en su vida, ha sido prácticamente borrada de la historia?
El caso de Mileva Marić nos invita a reflexionar. Quizá nunca sepamos cuál fue exactamente su papel en el desarrollo de la relatividad, pero es evidente que fue mucho más que “la mujer de Einstein”. Fue una científica con formación, inteligencia y pasión, que vivió en una época que no estaba preparada para dar voz ni espacio a mujeres como ella.

Su historia es un símbolo más de un fenómeno que todavía hoy persiste: la infrarrepresentación y el escaso reconocimiento de las mujeres en la ciencia. Aunque oficialmente no hubiese sido coautora de los artículos de Einstein, ¿no merecía, acaso, ser reconocida, escuchada y recordada?